EL CELO DE LA CABRA MONTÉS

La cabra montés o íbice ibérico es  uno de los representantes de la familia de los bóvidos presentes en las montañas de la península. Aunque cuatro eran las subespecies que podíamos encontrar según la localización geográfica en la que nos encontrásemos, actualmente sobreviven dos, siendo la Capra pyrenaica victoriae la protagonista de este post.

El otoño es una estación con un sinfín de posibilidades fotográficas cuando a naturaleza nos referimos. Macrofotografía de setas, atardeceres de fuego, bosques de oro efímero o el celo de los ungulados, que según la especie, la climatología y la situación geográfica variará de fechas.

Otoño es un momento vital en la vida de los ungulados.

Llevo años visitando las montañas de Montserrat, en Cataluña con el fin de fotografiar cabras. Allí, la cabra montés, fue reintroducida en el año 1997. Cuando se acerca el mes de noviembre, intensifico estas salidas con el fin de poder disfrutar del espectáculo que nos ofrecen durante esas semanas. Sin embargo, aunque diversas son las veces que he podido escuchar el sonido atronador que provoca la violencia con la que enfrentan a sus cuernas, solo una única vez he conseguido afotar en este macizo, y con resultado discreto, sus batallas por ser el que perpetúe la especie.

Cabras a última hora del día enfrentándose en la montaña de Montserrat

Así que con la intención de poder documentar estas impresionantes demostraciones de fuerza que ocurren durante el mes de noviembre, hace un año que junto a un grupo de fotógrafos de diferentes lugares de España nos dispusimos a ir hasta la sierra de Gredos, un lugar excepcional para la observación de estos animales.

Con la llegada del frío, la sierra de Gredos acostumbra a cubrirse de un manto blanco.
Realizando las primeras imágenes tras encontrar el grupo de cabras, junto al fotógrafo Edgar Madrenys.

Tras caminar en su búsqueda unos cientos de metros con la nieve por las rodillas dimos cuenta de un grupo de cabras que pacía y descansaba plácidamente al sol. Del mismo modo que ocurre en Montserrat, la sierra de Gredos también es un lugar bastante frecuentado por excursionistas, y aunque nunca es lo deseado cuando a conservación de la biodiversidad se refiere, las cabras no recelan demasiado de las personas, así que conociendo el comportamiento y  respetando siempre unos mínimos que garanticen la tranquilidad del animal, fuimos poco a poco aproximándonos hasta tenerlas a unos pocos metros.

Mientras las hembras descansaban sobre las rocas, un grupo de machos nos brindó la oportunidad que andábamos buscando, y aunque la luz era un poco fuerte debido a la hora del encuentro, teníamos frente a nosotros la escena que andábamos buscando. El íbice ibérico, con la sierra de Gredos cubierta por un manto blanco y la mayor demostración de vigor que nos ofrece el mes de noviembre en esta parte de la península.